martes, abril 16, 2024
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Nadando Contra Corriente

Por: Roque J. de León B. (MAE)

Cuando las circunstancias colocan sobre el tapete un tema delicado como el del abuso a los menores, el que se atreve a opinar lo contrario de lo que ponen a sonar de forma mediática es calificado y señalado como desenfocado o inconsciente cosa que no comparto; bastaría analizar el contenido y rol de nuestro código de protección a niños, niñas y adolescentes (Ley 136-03) versus el papelaso que hacen los adultos del entorno más cercano de quienes deben ser protegidos, incluidos los padres y tutores.

Tengo más que claro que a pesar de que hay menores que en su accionar y diario vivir parecen más que adultos, es la Ley la que establece cuál es su clasificación y, eso lo respeto así como exhorto a que todos lo hagamos a la vez que aboguemos para que los psicópatas que intentan agredir la sociedad con esos actos indebidos, paguen por ello.

Tampoco me quedan dudas de que hacen falta más códigos como pueden ser los de: Educación Moral y Cívica para niños, niñas, adolescentes, padres y/o tutores; responsabilidad civil y moral de los padres ante: el código de vestimentas que usan sus hijos (as) y que de manera desaforada exhiben en las Redes Sociales, a quién se los entregan en supuesta confianza, permisividad ante conocidas relaciones de estos con adultos, falta de control en las horas de entrada y salida al hogar, lugares que frecuentan por qué y a qué, entre otros; Código de consecuencias para los pedófilos y los padres descuidados y/o cómplices; pongan ustedes los demás.

Hay interrogantes que debemos hacernos como son: cuáles organismos del Estado evalúan y regulan el equilibrio emocional y psicológico de las personas, maestro o no, que imparten docencia en nuestras escuelas, colegios, centros de educación superior público o privado y qué decir de los llamados institutos de idiomas y otros?

Además, en muchos de ellos hay que asumir el control del desparpajo en la vestimenta porque más que centros educativos parecerían: antros de prostitución, chantaje (cambio de carne por calificaciones), concertación de salidas y relaciones anormales entre un porcentaje de los profesores, maestros o dá clases con damas menores o no, entre otros tantos hechos bochornosos y abusivos.

Desde los sonados casos: desaparición y posterior declaratoria de muerte del niño Llenas Aybar aquel fatídico 03 de mayo del 1996; Emely Peguero a finales de agosto del 2017 en cuya búsqueda se encontraron los cadáveres de dos jóvenes de 18 años asesinadas por su padrastro y ex pareja respectivamente, la pareja de novios cercenados y depositados en un tanque por un pedófilo que por mucho tiempo abusó del joven; entre otros tantos hasta llegar al que hoy se investiga por haberle costado la vida a la joven Esmeralda Richiez; parece que parte de nuestra Justicia, Directores de Centros Educativos y los Familiares de muchos abusados han venido poniendo paños tibios, siendo permisivos y en muchas ocasiones pareciendo cómplices de estos aberrantes hechos.

Aunque suena duro al decirlo, cuando sea posible reglamentar la sincronización Hogar, Sistema Educativo e instituciones del Estado relacionadas con la hasta hoy llamada Ley de Protección a los niños, niñas y adolescentes, que debe ser convertida en un sistema de prevención de los abusos a estos, entonces las investigaciones arrastrarán a los responsables de desarrollar de manera integral los que hasta hoy han sido presas y víctimas fáciles de los victimarios.

Cuando motivemos y logremos que suceda esa metamorfosis entonces el órgano que funciona como control y equilibrio entre el enfermo que hace de verdugo de las víctimas y los familiares de estas, observaremos el cambio progresivo de lo que hasta hoy en muchas ocasiones algunos padres y/o tutores han empleado como un aberrante negocio, se convierta en un instrumento de educación y concienciación familiar.

Un elemento que no podemos perder de vista dentro de la solución es que regularmente los depredadores y criminales a la vez, forman parte del entorno familiar y relacionados, como pueden ser: padrastros, medio hermanos y/o hermanos de crianzas, tíos, primos, amigos de la familia, vecinos, profesores, instructores, entre otros.

No pretendo usurpar el papel de los especialistas de la conducta pero cuando contaba con 15 años de edad tuve una escuelita de alfabetización que perduró por más de 40 años pasando de hermano a hermano, más aproximadamente 34 años impartiendo docencia a nivel superior debieron servirme para algo y la psicología natural me ha enseñado que cuando un miembro de la familia confía más en un extraño que en sus padres para confiarle que se está muriendo, tenemos que revisar el núcleo que da origen a la sociedad para no seguir perdiendo a niños, niñas y adolescentes.

ROQUE J. DE LEÓN B. (MAE)
DIPLOMADO EN TÉCNICAS DE COMUNICACIÓN SOCIAL INTEGRAL
MEMBRO DEL SNTP Y EL SINLOPP

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